Si hay una muñeca que deseábamos todas las niñas de mi época, esa era la Barbie. Su estilo glamoroso, su delgada cintura y sus largas piernas hacía recordar a una gran modelo.
Y si nos poníamos no sólo a la Barbie, también queríamos a Ken (el novio) a Skipper (su hermana pequeña) o cualquier complemento de la muñeca.
A mí me costó años conseguir una, todos los años la pedía para reyes y nunca me la traían. Hasta que un día una amiga me regalo una de ella porque tenía varias, eso sí, la muñeca tenía el pelo corto porque la chica se lo había cortado, así que ya no le podía hacer lindos peinados a la muñeca.
Luego sí llego la Barbie de verdad, pero yo seguí jugando con mi Nancy, mi Chavel y poco después de tener a Barbie con una copia de la misma llamada Sindy, pero que a mí me acabo gustando más que la primera.
Como todos sabéis la reina de las muñecas hace unos años que perdió su reinado, al mercado salieron las chonis y poligoneras Bratz, que tienen más cabeza que otra cosa, y le quitaron el trono a Barbie (la verdad que no entiendo como a las niñas de ahora les gusta unas muñecas tan feas).
Pues bien hace unos meses el fabricante de Barbie, Mattel, metió a juicio al fabricante de las Bratz, MGA y esa batalla ha llegado por fin a su final y Barbie ha resultado la clara ganadora.
Sea como sea las ventas de Barbie van bajando y las de Bratz van subiendo. Siento repetirme pero ¡Menudo gusto que tienen las niñas de ahora!
